No queremos sistemas descentralizados, queremos sistemas pequeños
No queremos sistemas distribuidos, sino sistemas pequeños. Da igual que por dentro estén centralizados: lo que importa es que tengan un tamaño manejable. Ello hace que sean baratos, fáciles de mantener y casi sin necesidad de moderar. Un ejemplo son los tildes, servidores Unix compartidos donde cada usuario tiene su cuenta. Se sostienen con un administrador confiable y donaciones. Cuando crecen demasiado, aparecen más tildes. Otro ejemplo es Friend Camp, una comunidad de amigos. Cuesta unos 30 $ al mes, alrededor de 1 $ por persona.
A pesar de ser centralizados, se perciben como lo opuesto a las grandes plataformas. No hay intereses comerciales y la gente se conoce. Es como una zapatería de pueblo. La tienda solo puede atender a unos pocos clientes porque hay poco espacio, sabes el nombre del dueño (y tal vez hasta el de su mujer) y en las estanterías no hay mucha variedad; y, sin embargo, sabes que te van a atender bien y el dueño quiere que salgas con lo mejor para ti. En una gran superficie, en cambio, a los empleados les da igual si vuelves o no. Puede que el dueño sea una junta de accionistas que solo quiere maximizar beneficios. El espacio es ilimitado, pero hay colas y es difícil que te atiendan. Tampoco sabes si el producto es lo que buscas, aunque sí sea más barato. Bienvenido a la economía de escala. Ahora llevémoslo a los sistemas centralizados.
Los sistemas distribuidos nos hacen sentir que tenemos el control, porque los recursos se reparten entre todos los participantes. A cambio, solo nos piden que pongamos el hardware y el tiempo para mantenerlo. Y ahí chocan con lo que decía Moxie Marlinspike: "People do not want to run their own servers" (2022). Quizás no tengamos el tiempo, el dinero o los conocimientos para ser un nodo de una red distribuida. Quizás ya tengamos bastante con nuestra vida como para, encima, estar pendientes de nuestro servidor de correo. Así que acabamos usando un proveedor centralizado dentro de un sistema distribuido: GitHub o GitLab cuando queremos usar Git, Gmail u Outlook cuando queremos usar el correo electrónico, o WordPress.com o Medium cuando queremos publicar un blog. El sistema pequeño resuelve el dilema sin renunciar a lo importante: una persona pone el servidor y el tiempo por todos los demás, y el resto solo tiene que confiar en alguien a quien conoce. ¿No es demasiada carga para una sola persona? No, si la comunidad es pequeña. Darius Kazemi, con unos 50 usuarios activos en Friend Camp, recibe de media una petición de moderación al mes.
Pongamos el ejemplo de tres instancias de Mastodon: icosahedron.website (unos 133 usuarios activos al mes), mastodon.technology (unas 23.600 cuentas) y mastodon.social (unos 3,4 millones de cuentas). Las tres usan el mismo software y el mismo protocolo; lo único que cambia es el tamaño. La segunda cerró en 2022 porque su único administrador se agotó. Las otras dos siguen vivas, aunque por razones distintas: la primera porque es pequeña y la tercera porque tiene muchos recursos (en 2024, la organización que la opera ingresó unos 2,19 millones de euros, casi todo en donaciones).
El mayor riesgo para una comunidad que depende de voluntarios es casi siempre el mismo: que quien la mantiene se agote. Por eso el tamaño no es un detalle: es lo que deja el trabajo dentro de lo que una persona puede asumir. Limitar el tamaño con listas de espera, registros cerrados o un máximo de usuarios activos parece contraintuitivo, pero funciona. Para crecer sin agotarse solo quedan dos caminos: conseguir mucho dinero, como mastodon.social, o convertirse en un negocio, como Reddit, X o YouTube. Pero el ánimo de lucro no garantiza ni más calidad ni mejor servicio. Mi pequeña instancia de Forgejo es tan centralizada como GitHub, pero tiene 10 usuarios activos: se ha caído menos veces, va más rápida y mantenerla me cuesta céntimos al mes.
Leopold Kohr lo escribió en 1957, mucho antes de que existiera internet: "Wherever something is wrong, something is too big". Quizás llevamos años haciéndonos la pregunta equivocada. No importa tanto si un sistema es centralizado, federado o distribuido. Importa si cabe en las manos de alguien a quien puedas escribir cuando algo falla. Paul Ford, al despedirse de tilde.club, lo dejó escrito: "you can, at any time, for very little money and relatively little effort, stand up a tiny digital community that basically belongs to itself".
Así que la próxima vez que busques dónde publicar, dónde guardar tu código o dónde hablar con tus amigos, no preguntes si es descentralizado. Pregunta cuánta gente hay dentro y si sabes cómo se llama quien lo mantiene.
Fuentes
- Paul Ford en tilde.club, el creador del primer tilde (2014). En su nota de 2019 entrega el servidor a nuevos administradores junto a una lista de espera de 10.000 personas.
- I had a couple drinks and woke up with 1,000 nerds, el relato de Paul Ford (2014) sobre cómo nació tilde.club y la avalancha de cuentas de los primeros días.
- Tildeverse, la asociación de tildes que nacieron siguiendo el modelo de tilde.club.
- tilde.club, un ordenador Unix compartido que se sostiene con donaciones de sus usuarios.
- texto-plano.xyz, un tilde en castellano: "seamos pocos pero unidos".
- Run your own social, la guía de Darius Kazemi basada en Friend Camp: entre 50 y 100 usuarios activos, una petición de moderación al mes y unos 30 $ al mes de coste.
- My first impressions of web3, el artículo de Moxie Marlinspike de donde sale la cita "People do not want to run their own servers".
- Icosahedron, instancia de Mastodon activa desde febrero de 2017 con el registro cerrado.
- Dear mastodon.technology community, el anuncio de cierre de Ash Furrow, que la administraba en solitario.
- Archive Team: Mastodon, registro de instancias cerradas, con mastodon.technology y sus 23.600 cuentas.
- mastodon.social, la instancia más grande de Mastodon, operada por los propios desarrolladores del software.
- Mastodon Annual Report 2024, las cuentas de Mastodon gGmbH: ingresos, costes y moderación de mastodon.social.
- The Breakdown of Nations, el libro de Leopold Kohr (1957) del que sale la cita "Wherever something is wrong, something is too big".
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